Un anónimo saguntino dejó estas vivencias escritas en el anterior artículo y hoy creemos que es un buen momento de reproducirlas para todos los Tifosi que deseamos el Ascenso:
La jornada comenzó con un buen desayuno de Primera y el habitual anhelo del Presidente por llegar a destino (tenemos que estar allí a las 10.30!). Afortunadamente, después de comprar los periódicos deportivos y recibir los ánimos de amables locales porteños, nos dirigimos raudos y veloces a nuestra cita con la historia.
Castellón amaneció rojiblanco. Una vez en el hotel del Sporting (para recoger al Sr. Gerente) ciertos miembros de la peña desataron su locura sportinguista cantando el himno del Sporting ante los aficionados que se arremolinaban para ver salir a nuestro equipo.
El campo de Castalia está situado a las afueras, en una zona de nueva construcción. Los sportinguistas desplazados, en una muestra de lo grandones que somos, no tardaron en bautizarlo como “ye un fubolín”. Siguiendo el ejemplo del Presidente, los tifosi desplazados adquirimos unos gorros bien guapos, los gorros del ascenso. Si subimos serán subastados para beneficio de… la Peña. Los amables habitantes de Castellón no paraban de desearnos suerte para el partido y conseguir el ansiado ascenso.
Y llegó el momento de la comida. El Centro Asturiano de Castellón sacó la artillería pesada y nos mandaron a un cuartel en medio de un monte a comer paella en una explanada. Allí nos reunimos con otros personajes como nosotros y con Cholo, el hombre de las canciones y los chistes (era uno del Sporting tan forofo, tan forofo, que se casó con una del Oviedo solamente por joderla).
La mareona se desplazó al campo de Castalia donde comenzó el sufrimiento. Las noticias que llegaban de Vitoria no ayudaban y, de repente, la tragedia. El gol del Castellón. En ese momento el ascenso era una quimera. Todo un año de trabajo a la basura.
Puedo recordar que cinco minutos antes de acabar el partido ya la resignación cundía en las caras de los sportinguistas. Hombres hechos y derechos derrumbados sobre sus asientos, llorando con la cara tapada y maldiciendo nuestra mala suerte.
Pero este año hay algo ahí arriba que nos está ayudando. La grada fue un clamor, GOL DEL ALAVÉS. Dios mío, volvíamos a depender de nosotros. Y la locura alcanzó su punto máximo con el tercero y definitivo. El Sporting volvía a depender de sí mismo para volver a casa, para volver a PRIMERA DIVISIÓN.
La invasión de campo fue un modo de expulsar toda la rabia y tensión que teníamos dentro. El milagro se había producido y Mate Bilic lloraba desconsolado. Vamos Mate, tú vas a marcar el gol del ascenso!
UNA CIUDAD, UNA REGIÓN, UNA ILUSIÓN… EL SPORTING A PRIMERA DIVISIÓN!!!